Los textos a continuación fueron producidos en el marco del taller de crítica de cine coordinado por Leandro Arteaga en la Facultad Libre.


Una manifiesta enfermedad del alma
Autora: Maruja Suárez Armán.

El personaje principal es el que encarna Ingrid Bergman, pues representa la mirada del psicoanálisis freudiano narrada en una forma muy especial, poco convencional pero a destacar, pues se trata de CINE. Bergman personifica a una mujer científica, joven, psicoanalista abocada a su profesión ayudando a pacientes en una Clínica. Sus valores éticos y control afectivo se perciben en las primeras escenas del film.

El personaje que encarna Gregory Peck es también el de un Doctor en Psiquiatría que aparece como el nuevo Director de esa Clínica, que llega para suplantar al viejo Director que se retira luego de 20 años. En dos primeros planos, admirables, durante el encuentro de los dos personajes principales, se percibe el impacto de atracción mutua. En forma destacable, en esa misma cena de primera reunión del nuevo Director con sus colaboradores, se capta la existencia de un cierto síntoma traumático en el personaje representado por Peck. Allí nace el núcleo narrativo.

Esta seria profesional, ya enamorada, tomará la firme decisión de tomar distancia con los recíprocos sentimientos de amor para lograr sacarlo de una ya manifiesta enfermedad del alma. Una culpa lo tortura, la oculta con amnesia. Ella lucha para esclarecer el porqué de esa culpa.

Se destacan las palabras al comienzo del film, de Wiliam Shakespeare: “The fault is not in our stars, but in ourselves…”. ¿Destino versus acciones personales?

Sobrellevando serias dificultades, situaciones de intriga, misteriosas desapariciones, potencial misterioso crimen, suspenso y toques de Alfred Hitchcock -incluso un cameo de este genial cineasta que disfruta haciendo cine-, el personaje de Bergman persiste en su confianza y profesionalismo y se llega así a un gratificante final del film. Esto a pesar del acto del suicidio del asesino, hecho que sería tema de debate, y que incluso deja el tema abierto a intercambio de opiniones, en cierta forma insinuadas por el personaje de Bergman y… las palabras de Shakespeare.

Destaco la Música de la Oberture y Exit, de Miklos Rozsa.


El blanco está de nuestro lado
Autora: Graciela Dueñas

Una vez más, Alfred Hitchcock nos encuentra formando parte de un relato increíblemente preciso e intrigante, sintiéndonos partícipes de la historia desde el inicio, en un Instituto Psiquiátrico en el cual se ponen en juego las Teorías del Psicoanálisis científicamente investigadas, a la hora de descubrir la necesidad de desenmascarar al inconsciente frente a lo simbólico, enraizado en la razón de los actos primarios.

La Dra. Petersen (Ingrid Bergman) dedica sus días a esa investigación desde lo teórico y lo experimental haciendo posible un protagonismo cuasi imposible en esos años donde estas lides eran reservadas, como tantas otras, a los hombres. Con una personalidad muy fuerte y dotada de una increíble inteligencia y sagacidad, se interna en los caminos de los descubrimientos que ponen a la existencia del inconsciente como posibilitadora de asociar e interpretar diferentes dolencias psíquicas, que determinan comportamientos frente a situaciones traumáticas y sentimientos de culpa. Tal es el caso del futuro director de la clínica quien desde el primer momento despierta dudas acerca de su conducta y comportamiento.

A partir de este momento este gran director comienza a manejar los hilos del suspenso, atravesando imágenes surrealistas que se inician en una serie de puertas que se abren lentamente invitando al espectador, de una manera muy surrealista, a imaginar espacios donde las significaciones se conjugan con las subjetividades en una dinámica del todo vale.

Una bellísima impronta daliniana (Salvador Dalí es el diseñador del sueño que el film contiene) nos permite jugar con las interpretaciones, lo onírico es de una preponderancia increíble, dentro de la cual la protagonista entra en un juego, donde todos somos parte, desde donde debe sortear obstáculos en pos de salvar a su gran amor y descubrir al verdadero malvado.

El juego de planos, los contrastes y las representaciones surrealistas hacen de esta película un verdadero encuentro con el cine de suspenso en su más acabada expresión. Una palabra desafortunada dispara un desenlace inesperado donde las sombras de la duda se despojan de todo rastro de incertidumbre, arribando a un final señalado por un extraordinario primer plano de un arma que acompaña lentamente los movimientos de la protagonista.

El giro del arma determina la acción que cierra el relato, ya no quedan dudas, todo se acomoda. El final se enmarca en una secuencia sonora que fue cómplice de las imágenes durante todo el film. Un final imperdible.


Cruces entre Cuéntame tu vida, de Hitchcock, y El extraño, de Welles
Autora: Monserrat Formaggio

Elegí Cuéntame tu vida (1945) por dos razones, primero porque trata abiertamente sobre psicoanálisis, tema de mi interés, y en segundo lugar por la intriga que me generaba saber cómo estaba narrativamente articulada la trama.

Es casi obvio señalar que la valoración del filme respecto de la práctica psicoanalítica es positiva, de hecho en la trama se presenta como la única posibilidad para acceder a la verdad de lo que realmente pasó con el doctor Edwards, verdad a la que la investigación policial no puede acceder. Además, desde el principio el texto con el que se abre el film nos deja claramente explicitado que se tiene una intención de divulgación y vemos, a través de acciones, referencias a conceptos claves de la terapia, como por ejemplo: complejo de Edipo, sexualidad, actos fallidos, represión, negación, censura; a la vez que la trama se desarrolla en base al complejo de culpa, que mueve la acción del personaje principal, y la interpretación de los sueños, como la forma de desentrañar el misterio del origen del trauma.

Hitchcock parece conocer muy bien que los pacientes con culpabilidad remiten los orígenes a circunstancias ligadas a la primera infancia y es allí a donde pretende hacer llegar al personaje en su desandar mental hacia el recuerdo.

A mi parecer es genial la construcción de la historia porque no solamente tenemos la incertidumbre de saber si el personaje es o no es un asesino, sino que también porque hay una tensión creciente a partir de la presencia de un doble antagonista: por un lado la policía, y por otro lado lo intrincado de su propia mente, que no le permite recordar. En este punto es donde cobra relevancia la interpretación del sueño del personaje y la habilidad de doctora para desencriptar el mensaje escondido en la secuencia onírica.

Justo en el momento en el que el misterio parece haberse resuelto, donde nosotros como público nos distendemos, relajamos y bajamos la guardia preparándonos para la resolución final, para el happy ending: Bang! Un nuevo giro en el argumento nos hace volver a la tensión y nos mantendrá así hasta el último segundo de película.

Luego de ver esta película vi El extraño (1946), de Orson Welles, película contemporánea de la anterior, y que para mi sorpresa, a pesar de no abordar directamente al psicoanálisis como temática, vemos que el investigador utiliza terminología psicoanalítica al hablar de negación y subconsciente, tras develar a Mary la verdadera identidad de su marido, además de descubrir que Mary miente a partir de algunos fallidos que el personaje tiene.

Esto me hace pensar que además del interés particular de Hitchcock por el tema, debió ser un momento de auge de la práctica psicoanalítica, ya que las más de las veces los filmes presentan claras marcas de la época en la que se realizan, lo que me lleva a trazar otro tipo de paralelos, además del anterior, entre los dos filmes aunque estos sean completamente diferentes:
En ambos filmes hay un personaje que dice ser una persona que no es.

En ambos filmes se expone que las mujeres no serían capaces de enamorarse de “hombres malos”.

En ambos filmes un personaje narra un sueño.

Patricio Irisarri

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