“Creer que una resolución final de los confilctos es eventualmente posible -incluso si es vista como una aproximación asintónica a la idea regulativa de un consenso racional-, lejos de proveer el horizonte necesario para el proyecto democrático, pone a éste en peligro. Concebida de modo tal, la democracia pluralista pasa a ser un ideal que se autorrefuta, ya que el mismo momento de su realización coincidiría con el de su desintegración. Por esto, subrayamos que es vital para la política democrática reconocer que toda forma de consenso es el resultado de una articulación hegemónica, y que siempre existirá una exterioridad que impedirá su realización plena.”
[Chantal Mouffe y Ernesto Laclau – Prefacio a la segunda edición en español de Hegemonía y estrategia socialista]

“Si el obrero ya no es solamente el proletario, sino también el ciudadano, el consumidor, el paticipante en una pluralidad de posiciones dentro del aparato institucional y cultural de un país; y si, de otro lado, ese conjunto de posiciones ya no es unificado por ninguna ‘ley del progreso’ (ni tampoco, desde luego, por las ‘leyes necesarias’ de la ortodoxia marxista), entonces la relación entre las mismas pasa a ser una articulación abierta que nada nos garantiza a priori que adoptará una u otra forma determinada. Es más, surge la posibilidad de posiciones de sujeto contradictorias y de la neutralización de unas por parte de otras. En ese caso, más que nunca el avance democrático depende de una proliferación de iniciativas políticas en distintas áreas sociales. Pero pensar esta dispersión de elementos y puntos de antagonismo, y concebir su articulación al margen de todo esquema unificante apriorístico es algo que escapa con mucho al campo del revisionismo[…]; los comienzos de una respuesta adecuada al mismo se encontrarán tan sólo en la concepción gramsciana de ‘guerra de posición’.
[Chantal Mouffe y Ernesto Laclau – Hegemonía y estrategia socialista (1985)]

“Si podemos afirmar, con Foucault, que en todo lugar donde hay poder hay resistencia, es preciso también reconocer que las formas de resistencia pueden ser extremadamente variadas. Es solamente en ciertos casos que las resistencias adoptan un carácter político y pasan a constituirse en luchas encaminadas a poner fin a las relaciones de subordinación en cuanto tales. Si en el curso de los siglos ha habido múltiples formas de resistencia de las mujeres a la dominación masculina, es sólo bajo ciertas condiciones y formas específicas que ha podido nacer un movimiento feminista que reivindica la igualdad (igualdad jurídica, primero, y en otros aspectos más tarde). Obviamente, cuando hablamos aquí del carácter ‘político’ de estas luchas no lo hacemos en el sentido restringido de reivindicaciones que se sitúan al nivel de los partidos y del Estado. A lo que nos referimos es a un tipo de acción cuyo objetivo es la transformación de una relación social que construye a un sujeto en relación de subordinación. […] Lo que queremos indicar es que la política en tanto que creación, reproducción y transformación de las relaciones sociales, no puede ser localizada a un nivel determinado de lo social, ya que el problema de lo político es el problema de la institución de lo social, es decir, de la definición y articulación de relaciones sociales en un campo surcado por antagonismos.”
[Chantal Mouffe y Ernesto Laclau – Hegemonía y estrategia socialista (1985)]

“El punto de partida de mi análisis es nuestra actual incapacidad para percibir de un modo político los problemas que enfrentan nuestras sociedades. Lo que quiero deir con esto es que las cuestiones políticas no son meros asuntos técnicos destinados a ser resueltos por expertos. Las cuestiones propiamente políticas siempre implican decisiones que requieren que optemos entre alternativas en conflicto. Considero que esta incapacidad para pensar políticamente se debe en gran medida a la hegemonía indiscutida del liberalismo, y gran parte de mi reflexión va dedicada a examinar el impacto de las ideas liberales en las ciencias humanas y en la política. […] la tendencia dominante en el pensamiento liberal se caracterizar por un enfoque racionalista e individualista que impide reconocer la naturaleza de las identidades colectivas. Este tipo de liberalismo es incapaz de comprender en forma adecuada la naturaleza pluralista del mundo social, con los conflictos que ese pluralismo acarrea; conflictos para los cuales no podría existir nunca una solución racional.”
[Chantal Mouffe – En torno a lo político (2005) ]

“[…] resulta vital para la política democrática comprender que la democracia liberal es el resultado de la articulación de dos lógicas que en última instancia son incompatibles, y que no hay forma de reconciliarlas sin imperfección. O bien, por decirlo a la manera de Wittgenstein, que hay una tensión constitutiva entre sus respectivas ‘gramáticas’, una tensión que nunca puede superarse, sino únicamente negociarse de distintos modos. […] La tensión entre sus dos componentes sólo puede estabilizarse temporalmente mediante negociaciones pragmáticas entre fuerzas políticas, y dichas negociaciones siempre establecen la hegemonía de una de ellas. Hasta hace muy poco, la existencia de fuerzas opuestas se reconocían abiertamente, y sólo en nuestros días, cuando la propia idea de una posible alternativa al orden existente ha quedado desacreditada, la estabilización lograda duramente el período de hegemonía del neoliberalismo -con su muy específica interpretación de cuáles son los derechos importantes y no negociables- aparece prácticamente libre de todo cuestionamiento.
Una vez que se da por supuesto que la tensión entre igualdad y libertad no puede ser reconciliada y que sólo pueden existir formas hegemónicas contingentes de estabilización del conflicto, se ve claramente que, tan pronto como desaparece la propia idea de alternativa a la configuración existente de poder, lo que desaparece con ella es la propia posibilidad de una forma legítima de expresión de las resistencias que se alzan contra las relaciones de poder dominantes. El statu quo queda naturalizado y transformado en el modo en el ‘realmente son las cosas’.
[Chantal Mouffe – La paradoja democrática (2000) ]

“Considerar posible que pueda llegar a existir una resolución final de los conflictos,[…] lejos de proporcionarnos el horizonte necesario para el proyecto democrático es algo que lo pone en riesgo. De hecho, esa ilusión conlleva implícitamente el deseo de una sociedad reconciliada en la que el pluralismo haya sido superado.”
[Chantal Mouffe – La paradoja democrática (2000) ]

“Lo que en determinado momento se acepta como el orden ‘natural’, junto con el sentido común que lo acompaña, es el resultado de prácticas hegemónicas sedimentadas. Nunca es la manifestación de una objetividad más profunda, ajena a las prácticas que le dieron origen. Por lo tanto, todo orden es susceptible de ser desafiado por las prácticas contrahegemónicas que intenten desarticularlo en un esfuerzo por instalar otra forma de hegemonía.”
[Chantal Mouffe – Agonística (2013) ]

Hay una cosa que es fundamental y muy heterodoxa en su planteamiento. Él dice que los sujetos no son las clases sociales, son voluntades colectivas porque él piensa a partir del contexto italiano: están los obreros del norte, pero también están las clases populares y los campesinos del sur, y él es consciente de que un proyecto socialista tiene que ser la articulación en una voluntad colectiva de esos distintos grupos. Él habla de la necesidad de pensar en términos de bloques históricos, y eso me parece muy importante para nosotros. En la política hay una dimensión de antagonismo, que es ineliminable, pero también se necesitan formas de consenso. Para lograr establecer una hegemonía es necesario articular a distintos grupos y crear una voluntad colectiva entre ellos. La política tiene que ver con sujetos colectivos. Esto es algo que los liberales no reconocen, y creo que es fundamental.
Las voluntades colectivas se cristalizan en torno a una concepción del bien común, a una definición del interés general. Una dimensión muy importante de la política democrática tiene que ver con esa cuestión. Esto puede parecer paradójico ya que según la visión pluralista que estoy defendiendo, el bien común no existe, porque no puede haber «el» bien común, pero el bien común tiene el rol de un horizonte. Un pueblo se construye a partir de una cierta idea del bien común. Es decir, siempre habrá una lucha alrededor de la definición del bien común.
La lucha que yo llamo agonista es una lucha para definir el bien común. Los que son capaces de hacer que la mayoría se identifique con su concepción del bien común logran la hegemonía. Por eso es que la lucha democrática requiere una referencia al bien común, reconociendo al mismo tiempo que no existe «el» bien común.
[Chantal Mouffe – en Construir Pueblo (2015, aún no publicado en Argentina)]

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