Los textos a continuación fueron producidos en el marco del taller de crítica de cine coordinado por Leandro Arteaga en la Facultad Libre.


El cine de estudio y el cine que rompe los límites de la ficción
Autora: Monserrat Formaggio

Al pensar en la comparación entre el cine Hollywoodense de los años 40 con el Neorrealismo Italiano, a partir de la visualización de dos de sus filmes más representativos: “El ladrón de bicicletas” de Vittorio de Sica (1948) y “Roma, ciudad abierta” de Roberto Rossellini (1945), a lo primero que atiendo es a las diferencias estéticas y narrativas.

El primero es un cine de estudio, perfectamente iluminado y cuidado, con decorados pensados y armados para cada situación. Un cine donde todo se resuelve, un cine con final, un cine profesionalizado.

Por el contrario, tanto el cine de De Sica como el de Rossellini es un cine que rompe los límites de la ficción, porque más allá de que las historias sean ficcionales, las cámaras han salido a rodar a las calles, a mostrar lo que pasaba en ese preciso aquí y ahora: la Italia de ocupación, la Italia de post guerra, la Italia pobre, rota, la historia marginal, la mirada de los padecientes.

El hecho de que este no sea un cine de estudio hace que las historias se desarrollen en el lugar mismo en donde LA HISTORIA acontece. Respecto a esto puedo señalar  que la iluminación es natural, y que a raíz de esto ambos filmes poseen en términos fotográficos una clave tonal  medio/baja y poco contraste entre luces y sombras, lo que da la sensación por momentos de que “no se ve del todo bien” o que “se ve un poco oscuro”. En la misma línea destacaría que también las locaciones son reales, lo que implica que no hay una propuesta de dirección artística demasiado premeditada, lo que nuevamente nos lleva a marcar el carácter de documento histórico que poseen ambos filmes. Los actores no lo son de oficio, no son profesionales, por lo tanto no actúan de, ni hacen como si… sino que vivieron en carne propia lo allí relatado.

Volviendo sobre las diferencias narrativas, tanto en el cine de Hollywood como en el Neorrealista las historias están contadas desde la forma de la narrativa tradicional basado en tres actos, es decir, un principio que introduce, que presenta a los personajes y a la trama, un segundo acto donde se desarrolla el conflicto que motiva la acción tanto de los personajes como del antagonista y un tercer acto de desenlace, pero aquí, en este tercer acto es en donde radica la diferencia narrativa para mí. El cine de Hollywood nos presenta historias acabadas. Los filmes Neorrealistas nos dan la sensación de que lo que acaba es solo una secuencia de una parte de la historia. Tanto en “El ladrón de bicicletas” como en “Roma, ciudad abierta” es imposible no preguntarse qué pasó con esas historias después de que la pantalla funde a negro.

Dejando de lado cuestiones más bien técnicas, algo que me llamó la atención sobre estos filmes, aunque tal vez queda más evidenciado en “Roma” es la fuerte carga ideológico/reflexiva que tienen, ya que se abordan temáticas  como: la pobreza, las consecuencias de la guerra, el cuestionamiento sobre la existencia de razas superiores, la otredad, el comunismo, los lazos generados a partir de la resistencia, y sobre todo me resultó más asombroso que algunas de estas reflexiones estén puestas en voces de los niños, lo que indefectiblemente nos lleva a repensar y comparar nuestra concepción de niñez, la de nuestra época y la de la ese entonces. Esos niños en todo momento son conscientes de lo que sucede a su alrededor y hasta toman partido por las causas de los adultos, se mueven a la par de ellos como uno más, sin perder la inocencia y la ingenuidad propia de la edad que tienen.


¿Pero Cristo no nos ve?
Autora: Susana Bosso

Roma Citta Aperta (1945), de Roberto Rossellini, se realizó en 1945, es decir, en plena confusión y dolor por la crueldad de la guerra y de los Nazis. En ese momento yo tenía un año de vida, no me enteré de su existencia, pero hoy puedo decir que la he visto varias veces y lo volvería a hacer muchas más. Me sigue emocionando y sigo descubriendo cosas.

¡Esto hace que me guste tanto el Cine Europeo y ame el Cine Italiano!

Los Americanos intentan mostrar una y otra vez haber sido educados en los principios de ser los más poderosos, los más ricos, que habitan el país más grande, con grandes héroes y actores carilindos, apoyados con súper efectos especiales que los alejan de la realidad. En cambio los europeos han sido educados en sobrevivir, superar tragedias, guerras, invasiones, dominaciones u ocupaciones.

Este film italiano muestran a los italianos tal cual son: un pueblo autentico, en sufrimiento. No ponen en medio de una tragedia un actor carilindo. Muestran actores que hablan con sus ojos, con las manos, con sus gestos. Esas miradas que no necesitan dialogo, no necesitan efectos especiales. Llenan la pantalla. Filman la realidad tal cual fue. Los Americanos construyen la película alrededor de héroes en la guerra, mientras que sus familias y amigos están bien lejos de la guerra. No tienen en cuenta que los verdaderos héroes son ese pueblo, sus habitantes, el cura, los niños que son el futuro.

La muerte de Anna Magnani nos sigue impactando tanto como los gestos de impotencia de los que quedan. El trabajo encubierto de buenas personas que buscan la paz y volver a empezar, reconstruir todo. También se ve la traición de las personas sin sentimientos, donde cuenta la ambición. Se ve también la maldad y la frialdad del enemigo. Ningún gesto humano. El film se realiza cuando ya hacia nueve meses de la ocupación Nazi.

Tres cosas me impactaron y me dejaron pensando:

-Cuando el protagonista a punto de casarse dice: “¿Quién nos hará olvidar todo este sufrimiento?”

-Y cuando la novia contesta: “¿Pero Cristo no nos ve?”

-Y la escena cuando llevan al medio de la nada al cura para matarlo. Un cura que está lleno de amor, de caridad al prójimo y de profunda fe en Dios. Cosa que irrita a los alemanes y contrapone a su maldad, frialdad y crueldad. Y en semejante escena fría, cruel, vienen los niños y se comunican con el cura, de alguna manera derrotando en forma tan sencilla y humana a la maldad y llenando la escena de amor.

Veo en este final una apertura a un futuro mejor. Una posibilidad de construir algo bueno entre tanta muerte y maldad.

Patricio Irisarri

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